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#Cine

‘Roar’: así fue el rodaje más caótico y peligroso de la historia del cine

Roar utilizó a felinos en su caótica y arriesgada producción que queda como uno de los momentos más extraños en la historia del cine.

El equipo creativo de Roar, una película que se ha convertido en leyenda para los amantes del cine de serie B, se propuso hacer una película que ayudara a impulsar la protección de los grandes felinos. Para ello se emplearon innumerables animales salvajes, incluidos leones y tigres, que acabaron causando lesiones graves a varias personas implicadas en su producción. Esta es la curiosa historia de Roar, el rodaje más caótico y peligroso de la historia.

Noel Marshall (protagonista y director de Roar) y Tippi Hedren (ganadora de un Globo de Oro, productora y actriz de Roar) estaban casados. Un día, mientras se encontraban en el Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique (Sudáfrica) tropezaron con un grupo de leones que habían tomado una casa. Ambos quedaron impresionados por la insólita imagen y en sus cabezas empezó a rondar una idea para filmar una película.

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Historia de un rodaje complicado y peligroso

De vuelta a Estados Unidos, el dúo comenzó a planear la película que acabaría convirtiéndose en Roar. Melanie Griffith, hija de ambos, sería una de las estrellas del rodaje. Como parte de la preparación de la película, la familia empezó a tener cachorros de león como mascotas en su casa de Sherman Oaks, California.

Cuando la policía le advirtió al matrimonio que tener esos animales como mascotas era ilegal, los trasladaron a un rancho en Acton, California, donde finalmente se rodaría la producción.

Además de los leones, en el rancho comenzó a haber tigres, elefantes e incluso panteras. Para el mantenimiento de los animales se gastaron miles de dólares antes de que empezara el rodaje en 1976.

Heridos y peligros diversos

Tippi Hedren explicó en una entrevista a IndieWire en 2016 que el rodaje estaba pensado para nueve meses que acabaron siendo cinco desgastantes años. El problema es que se trataba de una película protagonizada por unos pocos humanos y más de un centenar de animales salvajes.

No se sabe a ciencia cierta la cantidad de personas que resultaron heridas en el rodaje de la película. Diversas fuentes afirman que fueron entre 70 y 100. Noel Marshall sufrió desde arañazos y mordeduras de leones hasta envenenamiento de la sangre y gangrena.

Por su parte, Tippi Hedren estuvo a punto de morir en un par de encuentros con un león y un elefante. Su hija, Melanie Griffith resultó tan dañada por una leona que tuvo que someterse a una operación de reconstrucción facial.

El cineasta Jan de Bont también sufrió heridas graves por ataques repentinos de animales salvajes. Según información de Entertainment y Collider, De Bont necesitó 120 puntos de sutura después de que una leona casi le arrancara el cuero cabelludo.

Pese a estos incidentes y que los miembros del equipo abandonaban constantemente la película debido a su naturaleza casi mortal, el rodaje de Roar siguió adelante. Era curioso cómo se hacía una película que pretendía defender la vida de los animales salvajes, pero que ponían en peligro la vida de los seres humanos.

Negligencia en nombre del cine

En realidad, los animales eran los menos culpables de los caprichos de los cineastas. Hubo muchas negligencias de la producción, comenzando por el hecho de que estos animales no tenían por qué estar en cautiverio y en un entono que no era el suyo. Tras un incendio, algunos de estos animales huyeron de la granja y fueron asesinados por los policías para evitar que llegaran a zonas habitadas por seres humanos.

Finalmente, después de muchos esfuerzos y un rodaje caótico, la cinta se estrenó fuera de los Estados Unidos con un desempeño muy pobre en taquilla. En los Estados Unidos nunca se estrenó hasta muchos años después (en 2015 para ser exactos), y sobre todo por su carácter de película maldita.

Por fortuna en el presente, son escasas las producciones que usan animales salvajes en los rodajes, sobre todo gracias al uso de herramientas digitales que permiten crearlos en computadora. También tiene mucho que ver la labor de grupos de defensores de los derechos animales.

POR RODRIGO AYALA

Editor especializado en cultura pop, cine, historia, literatura y música. Amo el terror, la música rock, los conciertos y el running. Escribí los libros “Siempre al anochecer y otros cuentos de lo extraño” y “Potwór” para exorcizar mis demonios. Mi frase favorita: “It can't rain all the time”.

rodrigo.ayala@editorialtelevisa.com.mx
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